Pizca, un conejito pequeño y esponjoso de pelaje blanco con una manchita café en la nariz y orejas largas rosadas por dentro, está parado en medio de un prado lleno de flores amarillas y verdes, mirando a su alrededor con ojos grandes y expresión asustada, las orejas caídas hacia abajo. El bosque de fondo tiene árboles altos con hojas brillantes bajo una luz dorada de sol de mañana, creando una atmósfera cálida pero ligeramente inquietante para el pequeño conejo.
Capítulo 1
El día que Pizca se perdió
Pizca era un conejito pequeño con orejas largas y suaves, y una manchita café en la nariz. Vivía en una madriguera muy acogedora, al pie de un gran árbol verde.
Un día soleado, Pizca salió a jugar entre las flores amarillas del bosque. Saltó y saltó tan lejos que, de pronto, no reconoció el camino a casa.
—¡Ay! —dijo Pizca con la voz temblando—. ¿Dónde estoy?
Sus orejas se agacharon tristes. Pero entonces escuchó una voz amable.
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