Capítulo 1
El primer día en el circuito
El sol brillaba con fuerza cuando Brum cruzó la gran puerta metálica del Gran Circuito de Ventolina. Sus ruedas giraron despacio y sus ojos se abrieron muchísimo. ¡Todo era enorme!
—¡Guau! —exclamó Brum, mirando las gradas de colores, las largas rectas de asfalto y los garajes llenos de coches—. ¡Nunca había visto nada igual!
Lena caminaba a su lado con una sonrisa enorme. Su mono azul de mecánica brillaba bajo el sol y la llave inglesa tintineaba en su bolsillo.
—¿Qué te parece, Brum? —preguntó ella, ajustándose una de sus trenzas con lazo amarillo.
—¡Es el lugar más increíble del mundo! —respondió Brum, y su parrilla delantera se estiró en una gran sonrisa.
De pronto, un hombre mayor se acercó caminando con calma. Llevaba una chaqueta a cuadros rojos y blancos, un sombrero negro y unas gafas redondas. Bajo el brazo sostenía un cuaderno amarillo.
—Bienvenidos al circuito —dijo con voz serena—. Soy Don Rueda, el director. Me alegra mucho que estéis aquí.
—¡Gracias! —dijeron Brum y Lena al mismo tiempo.
Don Rueda abrió su cuaderno y sonrió.
—En tres días celebraremos la Gran Carrera de Ventolina. Será una prueba de valentía y esfuerzo para todos los participantes.
Brum sintió un cosquilleo emocionante en las ruedas. ¡Una carrera! La curiosidad le llenó el pecho de chispas.
—¡Quiero participar! —dijo con los ojos brillantes—. Haré todo lo que sea necesario para estar listo.
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